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Agustina y su Romeo

Cuando somos jóvenes, la vida suele volverse vertiginosa e incierta. Y en medio de ese rumbo, la vida misma se encarga de poner las cosas en su lugar, y a veces, en formas inesperadas.

La luz en el camino, el cable a tierra que ella -sin saberlo- necesitaba, vino de su interior. Literalmente. Porque de sus mismas entrañas, de sus propios latidos, llegó esa luz que nunca dejó de brillar.

Esa luz le hizo ver la vida de otra forma. Una vida con nuevos desafíos, pero también con proyectos y objetivos claros. No sólo fue el nacer de la luz, sino el renacer de su madre.

Es la sangre de su sangre, son uña y carne, sol y luna. Es la luz de sus ojos, que sigue brillando al día de hoy, guiandola. Siempre juntos, a la par.

Esta es la historia de Agustina y su Romeo.